martes, marzo 2

El problema de vivir II

SOMOS UN PAIS que vive en el lado oscuro de la melacolía y la angustia, transitando constantemente de la una a la otra, y regresando de esta a aquella, durmiendo sin sueños; despertando a una realidad también vacia de sueños. (...) La Economía de mercado ha parido a la teología de mercado, la que, entre un huaico de calamidades y estupideces dogmáticas, ha adsorbido las religiones y las doctrinas. convirtiendolas en empresas para contruir templos sin filosofía, leyendas ni oraciones, donde el pecado original e imperdonable es la deuda externa, el perdón es un aumento de sueldo, las bienaventuranzas son las utilidades, y el cielo es la casa propia. HIPOTECABLE desde luego.

Hemos perdido el respeto a la creatividad y, como consecuencia, también la hemos perdido, y vivimos imitando, copiando, remendando, plagiando, falsificando, mendigando o robando.

La originalidad es un delito; el AMOR a nuestro suelo, a nuestra historia, a nuestras leyendas y tradiciones, y a los monumentos de nuestros antepasados, son atractivos turícticos. Las fronteras se han convetido en aduanas, la NACIONALIDAD, en un pasaporte, y nuestro destino es integrarnos al mundo aburrido, amorfo, apátrida del trabajo, la oferta y la demanda, y la globalización.

Como una FAMILIA que se ve obligada a sacrificar la intimidad esencial de su hogar para no morirse de hambre, y alquila habitaciones sin comprender que de ese modo, y por más precauciones que tome, pierde irremediablemente el territorio de su IDENTIDAD, aquí, en nuestro país, nos hemos entregado desenfrenadamente a subastar nuestro territorio y nuestros recursos naturales a cambio del engañoso plato de lentejas de la INVERSION EXTRANJERA, que termina por llevarse mucho más de lo que trae, y que, poco a poco, va limitando a la patria a la bandera y al himno nacional.

El problema de vivir

...todos hemos conocido, aunque sea durante lapsos breves, esa tristeza profunda e inútil que se hunde cada vez más en só misma, como en un remolino de nada, y que, sin embargo, nos fascina con la sensación de un placer grotesco y viscoso contra el que no podemos ni siquiera resistirnos.

Muchos de nosotros, ahora y antes, (y seguramente después), nos entregamos a la perspectiva cobarde de morirnos sin sentido, como punto final de una vida igualmente sin sentido. ¿Quién no ha pasado alguna vez por la resignada verdad filosófica de que nada sirve para nada, ni es otra cosa que nada?...

A. ROBLES GODOY